La economía de Kirchner
Ciclo de Charlas Debates
Tema: “ EL MODELO ECONOMICO DE KICHNNER”
Que queremos para nuestra Córdoba
Disertante: Lic. Eduardo González Olguín
Coordina: Fernando Masón
Viernes 16 de junio de 2006 19 Hs.
Lugar: Paraná 471 Córdoba
Convoca:
FORO NACIONAL Y POPULAR DEL FRENTE PARA LA VICTORIA
Organiza:
EQUIPOS POLÍTICOS TÉCNICOS DEL FRENTE PARA LA VICTORIA
Disertación “El Modelo Económico de Kirchner”
Panelista Lic. Eduardo González Olguín
Introducción:
Vamos a desarrollar y tratar de darle un marco teórico al tema: El Modelo Económico de Kirchner, es decir, la idea es que discutamos entonces el modelo; disponiendo de una primera parte de teorías, ideas e imaginarios; una segunda parte donde veremos directamente modelos, y una tercera parte donde hablaremos de Córdoba.
Una cuestión que a veces pasa desapercibida pero que tiene gran importancia, es lo que pensamos nosotros de la realidad, como la pensamos a la realidad. Nosotros nos guste o no nos guste, nos demos cuenta o no, permanentemente pensamos la realidad a través de teorías, de visiones que van conformando el imaginario, y que esa sociedad compleja, confusa, mezclada, la vemos con claridad justamente porque nosotros en nuestra mente tenemos una idea de su funcionamiento. Por ejemplo: Uds. ven una pareja que va caminando, se abrazan, se besan y después compran una golosina en un kiosco. Son las mismas personas que en un acto continuo, sin ninguna irrupción, han pasado de una cuestión afectiva a una cuestión económica comprando unas pastillas en un kiosco. Bueno, nosotros tenemos, justamente, en nuestra mente un esquema que nos permite separar esa acción que aparece como una sola cosa continua. La podemos analizar. Entonces como y con que elementos las personas, los dirigentes y los pueblos analizan los problemas y la realidad es una cuestión esencial.
La crisis y la realidad:
En general cuando aparece una crisis, la crisis no pide permiso, de golpe irrumpe, como nos pasó a nosotros en el 2001. Y la sociedad afronta esa crisis con lo que tiene. Después vienen las revisaciones, las nuevas teorías, los nuevos modelos, pero la sociedad sale y enfrenta esa crisis con lo que tiene, con el bagaje conceptual e intelectual que tiene. El paradigma nuestro en la economía es la crisis del ’30. En 1929 es la crisis más grande de toda la historia del capitalismo a la que la teoría económica no tenía respuestas. La iniciativa en Estados Unidos es del Presidente Roosevelt que llama a los economistas que se dedicaban a la parte agrícola- ganadera, y por lo tanto eran unos economistas de segunda; todos los economistas que marcaban la línea eran del campo financiero o de las finanzas públicas, pero no eran, justamente, economistas agrarios. Y estas personas son las que dan el puntapié inicial de una política novedosa, que le permite al presidente Roosevelt salir de esa situación. Esto proceso ha sido muy analizado, porque después de eso, mucho después, como cincuenta años después, se comienza a analizar ese problema, de que la crisis del ’30 podría haber sido mucho menor, si se tenía el bagaje de conocimientos adecuado a lo que estaba pasando en el mundo. El desconocimiento de eso lleva a que las políticas que se implementan en ese momento agudicen la crisis, la hacen más profunda y la generalizan. Todo lo que se hace es al revés de lo que se tendría que haber hecho. Y a nosotros nos pasa algo por el estilo: en el 2001 irrumpe una crisis muy fuerte en donde el imaginario argentino, tanto las personas, los dirigentes, los economistas tenían una visión neoliberal del funcionamiento de la economía. Eso no quiere decir que la economía funcione de esa forma. Una cosa es cómo funciona la realidad y cómo nosotros creemos que funciona.
Teorías, ideas e imaginarios:
Keynes tiene una frase muy afortunada que dice “La mayoría de la gente piensa a través de un economista ignoto”. Es probable que no sepan cuál es la teoría económica que aplican a sus análisis, o piensan que ellos analizan la realidad. Entonces, irrumpe la crisis del 2001 en la Argentina, y encuentra una sociedad que estaba fuertemente permeada por esta idea de que el mercado es un óptimo asignador de recursos. Nosotros tenemos una persona como Machinea, que actualmente es secretario de la CEPAL, que dijo que comulgaba con ese pensamiento, pero cuando le toca ser Ministro de Economía de la Nación, sigue adelante con una continuidad en la cual, como Uds. habrán visto, no se nota el cambio: las políticas liberales que venían desde el ’90 implementadas por Menem y Cavallo continúan con De la Rua.
Tenemos un Remes Lenicov que intenta objetivos heterogéneos con políticas ortodoxas y desaparece rápidamente. Tiene que venir un Lavagna que plantea objetivos heterodoxos con políticas heterodoxas y comienza como a encontrar el rumbo.
Acá encontramos un problema serio: no solamente depende de lo que piense un técnico, sino también de lo que piensan los políticos, de lo que piensa quien lleva adelante las políticas, que pueda pensar y entender que la solución pueda ser de tipo heterodoxo.
El plan de Kirchner que estamos viendo es un plan muy interesante que comienza, a mi juicio, a enraizarse en la tradición del pensamiento económico latinoamericano. Esta es una tradición muy rica, porque América Latina desde el pensamiento económico es la primera que sale a confrontar al pensamiento oficial, el liberal, y muestra que la economía es una ciencia social que tiene particularidades. Las ciencias físico- naturales tienen leyes universales. La gravedad nos afecta en todo el planeta, un poco más fuerte en ciertos lugares, pero a todos nos afecta. Igual con el punto de ebullición del agua: en latitud cero hierve a 100° y a medida que ascendemos hierve a menos temperatura. Son fenómenos que se pueden medir perfectamente. En economía, puesto que es una ciencia social, lo que desgraciadamente muchos colegas olvidan, es el ser humano quien se encuentra en el medio. El ser humano con sus valores, creencias, deseos y, también, su cultura, pero sobre todo con un imaginario de cómo pensamos que funciona el conjunto de la sociedad y cómo hacemos, en este imaginario, para llevar adelante nuestros objetivos.
A algunos les va bien, a otros mal, incluso a veces es mala suerte y otras veces es que tenemos una idea completamente errónea de lo que pasa en la realidad.
Entonces, cuando la CEPAL sale a hacer duras críticas epistemológicas al corazón de la ciencia establecida en la economía, está diciendo que existen (lo cual es cierto) leyes que abarcan al conjunto de las fuerzas de la oferta y la demanda; pero también especificidades, cuestiones que son nuestras, comportamientos propios de los latinoamericanos.
Una serie de razones que lleva a que la economía tenga matices. Aparecen cuestiones interesantes como es la inflación estructural, que los norteamericanos y los ingleses que son los principales protagonistas de la economía liberal, no entienden. Aparece la desocupación estructural donde, cuanto más inversiones hacemos, más desocupación tenemos. Una cantidad de cosas para las que los manuales de economía clásicos (generalmente reconocidos) no tienen explicación.
El Modelo:
El modelo de Kirchner se entronca en esta tradición. La tradición de que hay que mirar la realidad específica en el marco de la teoría económica contextualizado histórica y geográficamente. Saber ver qué es lo específico y no mirarlo con recetas prefijadas para el mundo.
Por otro lado esta teoría, que después veremos como modelo, se enmarca en esta tradición de lograr una mayor distribución del ingreso. O sea que el peronismo no tiene una idea aséptica de la economía, sino que piensa que ésta está al servicio del pueblo, que la razón de ser de la economía es el bienestar del conjunto de la población; en donde el problema de distribución del ingreso es central.
Esta teoría también se en foca dentro de dicha visión. Lo interesante es que retoma una tradición latinoamericana, y del peronismo pero no anacrónica. Uds. habrán escuchado muchas veces que aparece el discurso neoliberal como moderno: “Ese es un discurso setentista, ya pasó” o eso de “ otra vez el viejo peronismo del ’50, la realidad no es así”, esto es cierto no somos de la Argentina del ’50 o el ’70, somos la Argentina del mundo globalizado y tenemos que plantear políticas acordes. Deben ser políticas que no lleven al fracaso por estar basadas en un pensamiento anacrónico que no se corresponde con la realidad. El ejemplo más típico es la política de Cavallo que está basada fundamentalmente en un principio llamado “Efecto PiGou”. Pigou es un economista inglés que fue profesor de Keynes y expresó este principio para la Inglaterra de fines del siglo XIX, en el que dice que la concentración del ingreso y de las riquezas lleva a que los beneficiados por esta concentración sea toda la población, ya que los que se enriquecen llega un punto en que no saben qué hacer con eso, van a hacer primero lo que todas las personas: derrochar el dinero, darse todos los gustos, hasta que, cuando estén con la panza llena, empezarán a invertir. Con la inversión generan empleo. Entonces, dice el “efecto Pigou”, la concentración del ingreso y la riqueza termina generando empleo. La médula de la política de Cavallo es ese pensamiento. Pero resulta que en los países latinoamericanos la especificidad del comportamiento es que la concentración de la riqueza lleva a la fuga de capitales. ¿Por qué? Porque es lógico, estoy en un país con alta incertidumbre. No estoy en Inglaterra o Estados Unidos donde sí me conviene invertir en el país; si tengo mucha plata la saco porque no sé qué va a pasar mañana. La concentración, por tanto, provoca un efecto contrario: gran fuga de capitales que lleva a que en “la vida de Dios” pueda haber un aumento del empleo y la producción.
El sentido de idea errada del funcionamiento de la economía en política es garrafal.
Tenemos el resultado en la década del ’90, por una idea tan equivocada de este funcionamiento.
Lo interesante es que, por un lado el gobierno de Lavagna- Kirchner (no dejo de reconocer que Lavagna tiene mucho que ver con esto y Kirchner, a su vez, es también copartícipe, comprendiendo la visión, reforzándola y mejorándola) retoma una tradición del justicialismo, del peronismo como movimiento popular y toma en cuenta la Argentina dentro del mundo globalizado. Para dar un dato: ya no es posible pensar en una Argentina alambrada, cerrada al resto del mundo, que no sea vulnerable a los movimientos de capitales. Aún con toda la tecnología es imposible hacer un control efectivo del movimiento de capitales, éstos van a ir y volver de acuerdo a su necesidad. Se Puede morigerar el movimiento, pero no impedirlo.
La política actual toma ese dato muy fuerte de la realidad y maneja, como vamos a ver luego, este problema. Otro aspecto a destacar es que esta política está montada con mucha calidad en lo que es la capacidad política del Estado. En la vertiente leninista y en la del nacionalismo popular, la concepción política del Estado lo presenta prácticamente como omnipotente. Resulta que hace ya bastantes años que ningún Estado, ni del primer mundo, ni del tercer mundo, puede hacer lo que quiera. La estructura de la sociedad ha ido cambiando y frente al Estado se levantan grandes corporaciones que tienen tanto o más fuerza que el Estado. Yo siempre pongo ejemplos como el da Lester Thurow en “La Guerra del Siglo XXI”, cuando relata que a fines de la década del ’80, el gobierno inglés descubre que el amigo George Soros, magnate húngaro, está especulando contra la libra esterlina. Advertido de eso, el Banco de Inglaterra pide ayuda a los países amigos (Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón) para que aporten al sostenimiento de la libra, que Soros pretendía hacer caer, para favorecer quizá un negocio en algún lugar del mundo. Estos países salen a tratar de sostener la libra y pierden. Eso causa un impacto y un quiebre en el pensamiento económico porque muestra que el poder de imperio de semejantes estados, no puede contra un movimiento especulativo individual, particular, muy fuerte. Por lo cual quedan heridas de muerte o muy resentidas las políticas keynesianas basadas en el poder imperium de los estados. Hoy los estados no pueden hacer lo que quieren. Esta es un poco la línea de la obra de Alain Touraine de la década del ’80, “ El regreso del actor”, después de Tatcher y Reegan.
Lo que trata de demostrar Touraine es que, si bien estamos ante un actor disminuido, hay que volverlo a la escena, no sacarlo.
Cuando estamos construyendo un imaginario, una expectativa, debemos saber que no se puede ir por todo de golpe, que existen presiones. Los grandes grupos económicos, las corporaciones, los formadores de opinión, la iglesia, son todas estructuras donde se mueve el Estado y con las cuales tiene que lidiar, en relaciones que a veces lo favorecen y a veces no.
En esta constelación de ideas lo que uno observa primero, que es una discusión que viene desde hace un tiempo, es un modelo. Los modelos son idealizaciones sea para entender la realidad, sea para proponer algo nuevo. En este caso es propositivo, es una construcción intelectual que, aunque en la realidad se presente inacabada, nos sirve de guía para la acción.
En este sentido estamos hablando ya de modelo. Es una estilización de los principales aspectos económicos y, por otro lado, como modelo trata de unir cuestiones económicas e institucionales que hacen al funcionamiento específico de la economía. La discusión gira en torno a si estamos frente a un modelo, si hay coordinación de acciones y distintos aspectos de la economía y de la política, o si, como dicen algunos detractores, estamos ante una cantidad de medidas medio a la bartola, ayudadas por una coyuntura internacional de precios excepcionalmente altos de nuestros productos exportables.
Estoy convencido, y voy a tratar de demostrárselos en esta charla, que estamos frente a un modelo, que hay una cantidad de factores coordinados y que, si no estuvieran coordinados esto ya habría explotado y no estaríamos teniendo los resultados que vemos hasta el momento. Esto no quiere decir que esté terminado, sino que hay un proceso en construcción, en transformación.
Repasando la literatura económica, encontramos que este modelo ha tomado ideas que no habían sido presentadas en forma conjunta. Ha ido combinando cosas de escritos e investigaciones muy recientes (de la década del ’80 en adelante), dentro de estas tradiciones tan fuertes en las que se imbrica el pensamiento económico latinoamericano.
Esto sorprende a los que en cierto modo están acostumbrados a un pensamiento ortodoxo, común, porque no se ha visto nunca. Es un modelo que están poniendo acá en práctica y que inclusive se da de puntapié como muchos paradigmas de la teoría liberal.
Lo primero que se analiza es poner en el foco de la política macroeconómica al empleo. Cuestión muy particular siendo en la tradición latinoamericana un tema que venía después de otros objetivos de política. Se tiende a pensar que es una política inviable, y más si esa idea del objetivo del empleo, dentro del establishment de la economía es fundamentalmente desprestigiable ¿Por qué es desprestigiable? Porque el FMI piensa que este tipo de políticas son inflacionarias y que, necesariamente, llevan a un descalabro en el sector externo. Para el FMI cuando se promueve el empleo se cae en una crisis de balanza comercial y de balanza de pagos. Ahí se rompe totalmente con el paradigma macroeconómico del FMI.
Todas las políticas de generación de empleo usan las de retribución del ingreso y el FMI sostiene la comentada política del “Efecto Pigou” de concentración del ingreso. Es decir que las de generación de empleo chocan de narices con su concepción fundamental de cómo debe funcionar la economía. Ellos hacen un trabajo muy interesante en donde, además de desprestigiar a las políticas que tienen al empleo y a la distribución del ingreso como su preocupación principal, enrostran como fracaso de las políticas todas las malas experiencias que han habido en América Latina, hayan o no tenido ese objetivo. Todos los desastres de América Latina, para ellos se deben a que se buscó la distribución del ingreso, atentando finalmente contra el crecimiento económico.
Esta política sale contra el pensamiento medular del FMI. Con una fuerte tradición en América Latina, porque aquí uno de los principales aportes es el hecho de que la CEPAL nos dice (estaba escribiendo en los’50 y después no se desdice) que no es posible a esa altura del desarrollo económico mundial, pensar economías que no basaran su desarrollo en la industria. En ese momento planteaba la discusión de que, si nosotros, proveedores de trigo y carne, los chilenos de cobre, los bolivianos de estaño en esa época, los brasileños de café; podíamos tener un desarrollo similar a los países desarrollados. La CEPAL dice que pueden “pasar mil años” y vamos a seguir siendo subdesarrolllados, si no fomentamos un proceso de industrialización.
Ellos proponen, entroncándose en lo que vendría a ser la Escuela Histórica Alemana, la idea de la industria “infante”, es decir que no se puede salir a competir como locos, si por ejemplo tengo una fábrica y pretendo salir a competir al mundo. Alemania que había empezado tarde el proceso de industrialización y tenía cerca a Francia e Inglaterra (países ya desarrollados), encontró la única manera de desarrollarse protegiendo su industria por medio de aranceles. La CEPAL toma esta idea y que deriva en el famoso proceso de industrialización por sustitución de importaciones.
Lo que está planteando entonces, es que mediante aranceles que encarecen las importaciones, la industria tiene una protección que le permite producir, ineficientemente, porque recién está largando, como toda empresa nueva que tiene que aprender, hacerse de un mercado, que no tiene escala por ser una economía más chica, que tiene problemas en las inversiones por tener que importar maquinarias y equipos. Necesita de ese arancel que la proteja de la competencia exterior para poder crecer.
La visión de la CEPAL es que, lo que estábamos importando lo podíamos hacer acá adentro, con la idea de que la industria local se desarrolle y logre competitividad, nunca la CEPAL sostiene que esta situación de protección arancelaria se convierta en permanente.
Lo que estamos viviendo hoy es una teoría moderna porque invierte o cambia de idea. En lugar de proteger nuestra actividad por medio del arancel, la protege con un tipo de cambio alto.
La devaluación (el hecho de que el dólar se haya ido a tres pesos), es una forma de protección de la industria y las manufacturas nacionales. Esta idea se está basando en la “enfermedad holandesa evolutiva” la cual voy a exponer muy rápidamente.
Supongamos que esto fuese Holanda y cambian la moneda local por dólar. Holanda, país del primer mundo, desarrollado, con buena tecnología. Esta situación provoca un determinado esquema de costos que es compatible con el tipo de cambio existente El tipo de cambio estaba más o menos alto, esto quiere decir que su estructura de costos le permitía perfectamente convivir con el tipo de cambio que había en ese momento ¡ Qué pasa en la década del ’70? En economía tenemos el problema de que no podemos hacer experimentos, tenemos que ver la realidad como experimento. En el ’70 se produce la gran crisis del petróleo: el petróleo en el 73 se les multiplica por tres, y en el 79 se vuelve a multiplicar por tres. Todas las reservas que no eran explotadas porque era muy cara su explotación, al aumentar el precio del petróleo, se vuelven rentables. Holanda se transforma en un país petrolero exportador. Cuando sus exportaciones aumentan, comienzan a entrar grandes cantidades de dólares y el dólar se empieza a abaratar; esto lleva a que el tipo de cambio baje y una parte, quizá la más ineficiente de la economía holandesa, deja de ser competitiva. Le pasa a Holanda un país del primer mundo.
Esas cosas son muy raras en nuestra vida profesional. Un experimento que da la “enfermedad holandesa evolutiva”, en el que, mientras más dólares entraban, llevaba a que menos industrias tuvieran capacidad para producir. Es lo que nos pasa a nosotros con el “uno a uno”. El “uno a uno” es una idea ficticia para bajar la inflación, que nos pone en un esquema de costos y nos mete un “uno a uno” que nos parte a la mitad. El tipo de cambio parece una política muy fuerte, porque, de la noche a la mañana, todos los que estaban viviendo bien con una política de cambio, quedan fuera de las posibilidades, porque las importaciones las invaden, sin posibilidad de competir.
Tomando esta idea, que fue recién teorizada en la década del ’90, acá se piensa establecer una suerte de protección, pero no (como decía la CEPAL) por medio de aranceles, sino con un tipo de cambio alto.
Ahí conseguimos que una cantidad de actividades económicas que no eran rentables, comiencen a tener rentabilidad. Comienzan de nuevo a ser competitivas, o sea, cuando se dice “ son competitivas ficcionalmente porque el tipo de cambio así lo permite…” es cierto, porque es parte de la política de reindustrialización; como decía. No estamos pensando que de la noche a la mañana una industria desbastada vaya de golpe a competir con la industria japonesa o la alemana.
Esta idea que aparece como fundamental en el esquema del actual modelo, el tipo de cambio alto, es una idea importante. Cuando se genera la devaluación, tiene un problema relevante. En un país como el nuestro, es importante porque es un país dependiente, lo que quiere decir que vamos a necesitar importar una serie de insumos y mercaderías con materiales semielaborados para poder funcionar en nuestra economía. No tenemos integración vertical, en la que producimos desde la tuerquita hasta la máquina, tenemos que importar la maquinaria la mayoría de las veces. Para hacer la máquina tenemos que importar partes.
Fíjense Uds. que cuando se realiza una devaluación, uno comienza a afectar profundamente a la distribución interna de la riqueza. En un país donde este problema no es tan grave, se podía devaluar sin tantas dificultades, pero acá es distinto, ya que se encaren los productos exportables que son parte fundamental de la canasta familiar, lo que requiere de políticas compensatorias. La idea, la idea fundamental de la devaluación, es encarecer las importaciones y hacer más fácil las exportaciones por un tipo de cambio que lo favorece.
Esta política fue utilizada en el corto plazo para solucionar problemas de balanza comercial. Cuando había un déficit muy grande, en América Latina se ha devaluado históricamente y a partir de eso se mejoraban las posibilidades de exportación, se comienza a exportar más y a importar menos, porque las importaciones son más caras. Se vuelve a una balanza favorable saliendo del cuello de botella.
Pero es la primera vez que se está pensando en este tipo de política, no solamente para la coyuntura, como se ha usado antes en América Latina, sino como política de desarrollo; es decir, se está usando en lugar del arancel esta idea de tipo de cambio competitivo para permitir el desarrollo de la industria.
Este es un cambio significativo del enfoque dado, que demuestra que estamos saliendo de utilizar esto como un instrumento para el corto plazo, a utilizarlo para el largo plazo. Por esto el gobierno precisa mantener un tipo de cambio alto el tiempo necesario, hasta que el aparato productivo argentino se regenere y comience a ser competitivo.
Generalmente en América Latina, estas políticas a un economista ortodoxo le dan un poco de temor, por los productos importados, que decíamos son importantes ya que dependemos de ellos. Dependencia en nuestra economía no es un eufemismo. Si cortamos el sector externo, es decir, si ponemos una barrera, nuestra economía va a tener graves problemas por falta de insumos, maquinarias y equipos. Ese encarecimiento de implementos indispensables, provoca, generalmente, aumento de costos y, en el caso argentino en donde los bienes que exportamos son los que comemos (carnes, vinos, soja) los llamados bienes salarios, al haber una devaluación, el producto argentino, siguiendo una lógica económica (lo que vemos en estos momentos) entre optar vender a precios internacionales o a viejos precios argentinos, lo hace a precios internacionales. El mercado se vacía, comienza a haber escasez, porque se produce mucho pero es vendido afuera y el precio interno comienza a subir.
En la experiencia latinoamericana ha pasado eso: comienzan a subir los precios internos porque los bienes exportados salen todos afuera, a lo que se suma el aumento de los costos de los insumos, y se inicia un proceso inflacionario que rápidamente se “come” la devaluación. Por lo tanto, la devaluación que está implicando la relación de los precios internos y externos, es “comida” rápidamente por la inflación. Entonces te dicen “ para qué devaluar”. Ese es sentido de las retenciones. Estas hacen que podamos manejar una banda de dos precios. Una de los precios internacionales y otra de los internos. La medida de las retenciones evita que el mercado se vacíe, evita que se trasladen automáticamente los precios internacionales al mercado interno, evita que el salario se deteriore debido a la devaluación. Uno escucha “el salario argentino (devenido en dólar) se devaluó”. Sí. Pero yo no compro en Miami ni en Nueva York, compro acá en Córdoba, y, gracias a las retenciones hasta principios de este año que funcionaron bien. Vamos a ver qué ha pasado, vamos a ver que funcionó y sirvió de sostén y no hubo un deterioro del salario real por la devaluación.
Entonces les pongo este dato: un problema que es típico de América Latina está contemplado dentro del plan económico y a pesar de este problema está compensado con las retenciones, que, a su vez se transforman en un ingreso muy importante para vivificar las cuentas públicas que estaban muy deterioradas y comienzan a tener un superávit fiscal muy alto.
Junto con la devaluación por supuesto que se dan distribuciones de la riqueza. Los tenedores de dólares se enriquecen en términos internos y los deudores en dólares se empobrecen, y a su vez, hay una política de compensación a los bancos que se extiende en el tiempo, en donde, matemáticamente, no termina de compensar los bancos con la idea del esfuerzo compartido. Es decir, que el gobierno les pasa parte del costo de la devaluación a los bancos, al no compensarlos en un 100% en las pérdidas que ellos han tenido.
Esto es muy importante porque trata otro aspecto que generalmente era muy criticado, que es el empobrecimiento de los que deben en dólares, enriquecen a los acreedores en dólares (en general los bancos), con las políticas de compensar menos de lo esperado y dar tiempo de recomposición a los deudores; se trata de evitar otro efecto no deseado.
Dentro de este esquema hay tres aspectos. Uno que es la generación de empleo a corto plazo. Otro aspecto que es el desarrollo económico. Un tercero que es la preferencia por el empleo en términos remunerativos.
¿Cuál es esta primera? Al producirse la devaluación, y al mejorar la competitividad de la economía argentina, lo que está ocioso comienza a ser utilizado. Hay un efecto muy grande en un primer momento que es lograr que comience a utilizar la capacidad ociosa y genere empleo, lo que hemos estado viviendo más o menos hasta el año pasado. Se genera rápidamente empleo, empresas que no lograban producir comienzan a hacerlo, empiezan a tener capacidad exportadora. Esto es muy importante porque, a diferencia del modelo de sustitución de importaciones que cuidaba lo que estabas haciendo acá, el tener un tipo de cambio competitivo (que es la ventaja de este modelo sobre el de sustitución de importaciones) permite dos cosas: exportar, porque los bienes y servicios producidos en Argentina son más baratos que los internacionales; y, al mismo, tiempo te permite proteger tu mercado interno. Los bienes llamados comercializables (que algunos son exportables y otros importables ) se ven favorecidos. En los exportables se pasa justamente a exportar. En los importables, se deja de importar y se alienta la producción nacional. Porque el tipo de cambio al establecer esa especie de barrera, favorece a todo este conjunto de productos. Nos asombramos del crecimiento argentino y este se produce porque la demanda que tiene la oferta nacional es una demanda externa e interna. Por eso rápidamente se cubre la capacidad instalada. Porque no solamente es el mercado interno. La capacidad de salir a exportar permite esta velocidad de cobertura de capacidad ociosa. Por eso algunos llaman también a este modelo “Industrialización por promoción de exportaciones”
La otra cuestión es la visión a largo plazo en la que a partir de mantener un tipo de cambio real que sea realmente competitivo, genera una expectativa, un marco macroeconómico que es una señal para el conjunto de la sociedad, en el sentido de que las actividades que emprendan van a ser rentables. Genera un marco amigable donde se suscitan inversiones, que es lo que está pasando desde más o menos el 2004 tímidamente; francamente en el 2005 y muy bien en el 2006. Una de las críticas que se le hacía en el 2002 y en el 2003, Uds. recordarán, era “ las inversiones no alcanzan”. El año pasado terminamos con una inversión del 23% del PBI. Hace muchísimos años que nosotros no teníamos semejante tasa de inversión, con el agregado, a su vez, que no están viniendo grupos de capitales externos, es decir, es ahorro argentino que se vuelca a la producción nacional. Se ha vuelto totalmente a la inversa de lo que pasaba en la época de Menem. El ahorro argentino en la época de Menem fugaba y venían grandes grupos económicos atraídos por altas tasas de rentabilidad e invertían. En cambio ahora estamos sosteniendo la economía a partir del ahorro argentino. Lamentablemente los economistas liberales no lo van a entender porque para ellos tiene que ser el 25% y no el 23. Estamos cerca, puede llegar otra inversión…
OYENTE- ¡Es uno de los más altos de la historia!
Es uno de los más altos y teniendo en cuenta que es una política de desarrollo. Cuando se comienza a generar la inversión, se produce la expansión de la capacidad de producción de la economía, quiere decir que estás en un proceso de desarrollo. Esa inversión fue cambiando cualitativamente. Al principio fue de una designación que se llama de baja calidad, fue la construcción que no genera capacidad instalada. Si Uds. miran los reportes que salen hoy, en todos los diarios, todos resaltan que lo que más ha crecido en el primer trimestre de este año es inversión en maquinarias y equipos, ha crecido un 23%, eso es inversión de calidad. Lo que está indicando entonces, que la economía argentina está expandiendo su capacidad productiva. Y segundo le siguen las construcciones porque, existe una gran desconfianza del sector financiero, y mucha gente que no va a hacer a plazo fijo, prefiere hacer departamentos. En esto lo recalco, porque es la primera vez en el mundo que se está usando la política de cambio alto para hacer un programa de desarrollo. Esto forma una veta muy grande, porque para que esto pueda seguir funcionando, el tipo de cambio real (tipo de cambio descontado de la inflación) tiene que seguir siendo competitivo; porque la inflación es un problema serio, que después vamos a ver. Y por último cuando vemos la preferencia por empleo por el cambio del precio relativo ¿qué quiere decir esto? Que los salarios argentinos en términos de dólar son muy baratos, se los divide por tres. En un mundo globalizado cuando los capitalistas argentinos quieren invertir se encuentran que en Argentina la mano de obra, además de ser buena, es barata. Entonces, esto se ve en gran medida porque el costo relativo por el empleo frente a la mano de obra internacional es barato e incentiva el empleo, y a su vez, es muy importante la elección de tecnologías, quiere decir que en lugar de ir en busca de tecnologías ultra sofisticadas, busca tecnologías intermedias, que permitan competir internacionalmente, pero que tiendan a tener más mano de obra. Esta es una señal hacia un proceso productivo que emplee más gente que las tecnologías de punta, propias de los países desarrollados, pero que contemplen, dado que la economía está abierta, la posibilidad de competir. Tienen que pensar en maximizar sus utilidades con una tecnología que emplee más gente porque le convenga a su bolsillo. Las políticas tienen que funcionar en la racionalidad de los actores. Si al empresario le pido que sea patriota me equivoco. El empresario está para hacer plata, no puedo pedir una cosa distinta de para lo que están. El empresario va a hacer plata invirtiendo en Argentina y usando tecnología que tenga preferencia por la utilización de mano de obra. Todo esto se logra con una sola cosa: tipo de cambio real alto. Hasta aquí vamos bien.
En la literatura económica cuando uno fija el tipo de cambio tengo un problema porque quedo expuesto a los movimientos especulativos de capital. Es necesario entonces, tener un Banco Central con capacidad económica para poder salirle al cruce a los movimientos especulativos. Para ello precisa grandes reservas.
Al haber una invasión de dólares por un cambio en las condiciones de la economía argentina, se provoca un desplazamiento en la curva de demanda, hay una abundancia de dólares, y esto lleva a que su precio baje. Para poder subirlo lo que hace el Banco Central es comprar esa partecita de dólares, que en cierta manera sobran ya que es más de lo que se necesita para pagar las importaciones. Es una compra diaria que hace para poder seguir manteniéndolo a tres pesos. Esta compra tiene pues dos funciones: mantener el tipo de cambio real alto y hacerse de las reservas necesarias para no sufrir los embates especulativos que se llevan un tipo de cambio medianamente fijo. Por otro lado, un tipo de cambio alto puede desatar presiones inflacionarias. Es un problema real.
Qué se hizo en Argentina al respecto, en la época de Mario Bleger se fijaba la meta por cantidad de moneda en circulación, una política bien ortodoxa, dando miles de millones de emisión monetaria, multiplicado por el multiplicador bancario me daba tanto más o menos de circulación. El problema es que hay que enfocarlo en un proceso de desarrollo. Estas políticas sirven en los países desarrollados, donde ya se maneja que es lo que se necesita de acuerdo a la estacionalidad, a la época del año. En cambio en un proceso donde la economía está cambiando, nadie sabe exactamente cuál es la cantidad de moneda que se necesita. Entonces, aparece otra política que es la inflación por objetivos. Ponen objetivos de inflación y a partir de eso, el Banco Central modera. Cuando compra dólares emite pesos. Al emitir pesos genera inflación. Pero inmediatamente saca notas y letras del Banco Central, que son como plazos fijos. Por otro lado, el Banco Central modera los encajes la cantidad de plata que tiene que tener necesariamente un banco, o sea, levantar la plata que un banco tiene que tener para evitar una corrida cambiaria. Está restringiendo la plaza y combatiendo la inflación. A ello se suma la política fiscal por el lado de los impuestos, y por el lado de las letras, los bonos del tesoro nacional. Por medio de estos instrumentos, el gobierno ha mantenido la cantidad de monedas en un nivel que hasta ahora ha sido exitoso para controlar la inflación.
El Banco Central ¿cuál es la crítica que le hace a esto? Sucede que al estar pagando con las notas y las letras se incurre en un costo: los déficit cuasifiscales. El Banco Central no acapara las reservas de divisas, sino que hace colocaciones internacionales. En el 2005 tuvo la ganancia más grande de su historia. Esto demuestra que por el contrario a los que predican los detractores, estas políticas le están dando ganancias al Banco Central, ganancias al Estado argentino. También, y por primera vez en América Latina, el Banco Central aplica la política de portafolios en la tenencia de activos, donde se comporta como un especulador como lo hacen los bancos centrales de los países desarrollados.
Para la economía liberal se está cometiendo el más grande de los sacrilegios. Suponen para cada objetivo un instrumento, y nosotros estamos usando tipo de cambio real para todo el mundo, se prueba con la práctica que se puede tener objetivos simultáneos con un mismo instrumento.
Se abre también otra discusión, muy peronista: la de la independencia del Banco Central. Esa independencia no es posible en el modelo que planteamos: la política económica es un conjunto y se define en forma conjunta. La política monetaria como parte de ésta, tiene que ser definible en forma conjunta y de acuerdo a las necesidades del momento. El Banco Central tiene que estar en perfecta sintonía con el Ministerio de Economía, que es lo que está pasando en este momento. Sino tendría que estar elevando las tasas de interés como loco para bajar la inflación y tendría que estar induciendo rápidamente a una recesión.
Estamos navegando en aguas muy turbulentas: un alto crecimiento, una alta demanda, tipo de cambio real que tiene que dar confiabilidad y una tasa de interés barata que permita desarrollar la inversión. Esto no se podría lograr sin coordinación.
Por último la política fiscal, tiene dos aspectos: por un lado la recomposición de las cuentas públicas, dado que no se puede hacer nada con un Estado sin plata, no se puede tener una política activa.
¿Qué estamos haciendo? Salimos de un superávit muy grande, necesario para la recomposición de las cuentas del Estado y estamos logrando aumentar el gasto. Esto quiere decir que el Estado está sacando más de lo pone; en términos económicos es una política contractiva. Pero al estar aumentando paulatinamente el gasto va moderando el impulso contractivo a medida que el tipo de cambio real se va deteriorando, a los tres pesos del principio, si ahora lo miramos, estamos como en dos setenta, por la inflación ocurrida. Entonces la política fiscal, al ir aumentando el gasto e ir achicando el superávit, le está incorporando lo que ha estado sacando el sector fiscal a la actividad económica. Le permite, entonces, ir compensando esta pequeña pérdida de competitividad que estamos teniendo con el tipo de cambio real en caída que le quita dinamismo a la economía. Por otra parte con este superávit fiscal se intenta hacer un fondo anticíclico para lo que pudiera pasar más adelante, es una suerte de seguro. Esta una recomendación de la economía ortodoxa que hasta el momento nos había sido inviable por inexistencia de un superávit.
Estamos frente a un modelo económico que es estable en el mediano plazo, que se puede seguir sosteniendo a condición que el tipo de cambio real se mantenga, y que en ese contexto todo lo que ha pasado no es casualidad, requiere una alta coordinación de los distintos factores de la economía, de los distintos instrumentos, y que entonces, el problema fundamental que tiene en estos momentos el gobierno es la inflación, el cual va deteriorando esta situación competitiva.
La nuestra es una economía altamente concentrada, y aquí el enojo de Kirchner, Por que Lavagna, que es un economista formado, se duerme en los laureles con la inflación. Cuando uno ve el 2004, el aumento de los precios mayoristas, porque los economistas dicen que la inflación de los precios en el mediano plazo se igualan, pero cuando uno ve los mayoristas que están aumentando y, por otro lado los minoristas no, a menos que seas muy pavo uno sabe que el aumento del mayorista va a ir al minorista. Lavagna lo tenía que saber, seguro. El INDEC lo tenía registrado. Hasta el 2004 pasa eso y Lavagna no dice nada, recién en la segunda parte del 2005 comienza a acordarse de la inflación.
Hay un autor muy interesante que yo siempre rescato, es Jorge Sábato, el hijo del escritor que desgraciadamente murió muy joven, él plantea que los grupos dominantes argentinos, que son grupos tradicionales, que tienen más de 100 años en el poder, tienen una racionalidad económica distinta, y eso es muy importante: ¿cuál es tu racionalidad?, ¿qué es lo que busca? Sobre todo la teoría liberal piensa que uno busca siempre el lucro. Nuestra oligarquía y sus aliados, tienen dos racionalidades: por un lado no maximizan ganancias sino minimizan riesgos, tienen una lógica distinta por que son conscientes de que están en un país periférico; y el segundo aspecto es que ellos en la ecuación, incluyen el poder. Están dispuestos a tener pérdidas, con tal de mantener el poder a largo plazo. Una visión de un grupo social consolidado que cuida su relación de poder de largo plazo. Más allá de los avatares de los negocios porque es grupo que tiene espalda económica, puede estar si lo desea “un par de años” parado.
Sobre estos grupos económicos, hay muchos trabajos que dicen justamente “vea en la revista mercado, las trescientas empresas más grandes y ahí está la evasión, el aumento de precios, está ahí”. Acá hay dos concepciones entonces, la del mercado, que los precios se hacen en competencia, y la de una economía concentrada en donde pocos deciden el precio. Por esto, cuando estás aprendiendo políticas de competencia aparecen los paradigmas de los neoliberales: “liberar la economía”, “bajar el tipo de cambio”, etc. Pero cuando estás en una economía en la que 4 o 5 se ponen de acuerdo, entonces lo que hay que hacer es un acuerdo de precios. La política que está llevando el gobierno, de concertación de precios, es una política correcta para un mercado altamente concentrado como la Argentina. Con todo, no vamos a superar esto si no tenemos una política de inversiones de mediano plazo, eso hay que tenerlo claro. Pero en este momento, en la coyuntura, la política es correcta. Y estamos viendo que, mientras el tipo de cambio real se mantenga, las inversiones van a existir, por que van a obtener la rentabilidad que buscan.
Estos modelos son constantemente boicoteados , tenemos que ver cómo hacemos para cubrirnos desde el inicio, cómo pasar la transición y cómo lo pone en marcha. El problema fundamental de los precios es que le pega en la parte central del modelo, es preocupante y porque fundamentalmente lo llevan adelante los formadores de precios. Están planteando políticas de poder. Otra cuestión importante en un país como el nuestro es que, al ser dependientes, quienes controlan el ingreso de divisas para comprar los insumos, controlan el ritmo de la economía argentina. Haber hecho una política en que la PyMes pueda exportar, es pegarle en el Talón de Aquiles a los grandes grupos económicos que son los acostumbrados a exportar, es decir a proveer las divisas indispensables para la economía argentina. Entonces en el seno de la inflación estamos viendo una lucha por el control del modelo de acumulación en la Argentina. La forma de atacar es que no haya más gente que consiga divisas, que es el bien estratégico del país dependiente, es aumentar la inflación, sacar a todas las PyMes como posibles exportadoras, y que sigan siendo las grandes empresas las proveedoras de divisas porque pueden exportar. Esto es una cosa central, yo siento que el gobierno no salga y lo diga en estos términos, los dueños de la Argentina no quieren que se socialice quiénes son los exportan y provean divisas, no quieren un entramado productivo de PyMes competitivas exportando.
Creo que estamos en un momento crucial. Si el gobierno abre las manos será frustrante, pero lo que a mí me entusiasma es ver que es un modelo que cierra, que mira la realidad, que no es anacrónico, que mira al presente y el futuro.
¿Qué pasa en córdoba?:
En Córdoba estamos frente a un gobierno que ideológicamente comulga con el neoliberalismo pero que su realismo político lo lleva a decir que está encolumnado con el presidente Kirchner , de allí los malabarismos que le vemos hacer, mientras que el gobierno nacional reestatiza Aguas Argentinas acá en Córdoba se negocia para que se el grupo Roggio el que sustituya a Suez y Aguas de Barcelona, el Banco de la Provincia de Córdoba y EPEC no fueron privatizadas por que la crisis del 2001 lo impidió, y en el caso del Banco el gobierno hasta último momento intentó distintas variantes para entregarlo al capital privado.
Las políticas activas que el gobierno de la provincia lleva adelante favorecen a grandes grupos económicos, como son las negociaciones que se están llevando adelante con la Fiat de Italia, o el ingreso del grupo Tata de la India, pero el proyecto de ley de compre pyme sigue parado en la legislatura.
El gobierno sigue considerando a la educación y la salud como gastos, tal como lo pregona el neoliberalismo, y no como lo que son realmente inversiones, esta es la razón del conflicto tan agudo que soporta la provincia en estas áreas, que no tiene sustento económico ya que los ingresos de la provincia de libre disponibilidad han aumentado más que lo presupuestado pero el gobierno tiene otras prioridades para aplicar estos mayores fondos.
Las justificaciones que pone la provincia para no otorgar los aumentos de sueldos solicitados, son las obras públicas y el pago de la deuda, pero ambas figuran en el presupuesto para este año, por lo que si existe un aumento en los ingresos, sobre todo en los de jurisdicción nacional que representan más del 60% del total de los ingresos, no hay razones para realizar este argumento, amenos que sea cierto que el presupuesto y su ejecución sean un dibujo, tal como ocurría a nivel nacional en la época de Menem.
Por último la rebaja indiscriminada de impuestos, a ricos y pobres, y el sistema impositivo provincial que es altamente regresivo son también una clara muestra del pensamiento neoliberal que campea en este gobierno.
Por eso, y para no hacerla tan larga, la política económica provincial ha quedado dislocada en esta coyuntura al tener una matriz neoliberal que no encuentra sustento en el marco de las políticas macroeconómicas y que se desarticula aún más al intentar disimularlo pero sin cambiar su esencia.
Córdoba, 16 de Junio de 2006.
LA POLITICA ECONOMICA DE NESTOR KIRCHNER
¿El final del neoliberalismo?
Se cumple un año de la asunción de Kirchner en la presidencia de la República Argentina, por lo que se están produciendo una serie de análisis sobre su política y particularmente lo que atañe a la economía.
Uno de las preguntas que más se escuchan es si su política económica significa un giro que abandona el neoliberalismo que caracterizó la pasada década de los noventa, y que impregnó la política económica argentina desde el golpe de 1976.
La repuesta es sí. La política que llevan adelante Kirchner con la clara impronta de su Ministro de Economía Roberto Lavagna ha abandonado el conjunto de recetas neoliberales sintetizadas por lo que ha sido llamado el consenso de Washington.
Pero ha continuación hay que aclarar que esto no quiere decir que estemos frente a una política económica progresista, que busque una fuerte redistribución del ingreso a favor de los sectores empobrecidos de la población, y menos aún de la riqueza.
Esto ha generado mucha confusión por que objetivamente la actual política económica es mejor que la que experimentamos durante la década pasada pero al mismo tiempo genera muchas dudas en los sectores populares (trabajadores, desocupados, profesionales, pequeños y medianos empresarios de los distintos sectores de la economía)
¿Porqué tanta confusión? ¿Es la necesidad de volver a creer? o ¿las dudas las genera la impaciencia de las necesidades básicas insatisfechas y de una década perdida?
Es necesario precisar que la política no se desarrolla en el vacío en donde sólo basta la voluntad para realizarla, sino que se despliega en un contexto lleno de contradicciones y luchas de poder.
Es decir que la voluntad de un gobierno se ve condicionada por una serie de factores, y por otra parte ningún gobierno es homogéneo, y el de Kirshner dista mucho de serlo.
De mera resumida abordaré los condicionamientos externos, internos y el debate en el propio gobierno.
La relación de nuestro país con el resto del mundo es una cuestión de suma importancia ya que nuestra economía ha generado a lo largo de su historia económica una relación de dependencia con la economía mundial, que se acrecentó en los últimos 30 años que significan un condicionante para el desarrollo de nuestra economía, no solo por la deuda externa que generalmente es lo que más se escucha, sino lo más grave es en la provisión de materias primas, materias semi elaboradas, maquinarias y equipos, repuestos, fórmulas químicas, recetas tecnológicas y otros insumos. El problema de la deuda externa es grave por la dependencia de la economía argentina en su faz productiva por su dependencia. Ese es el chantaje de los acreedores.
Pero a nivel internacional las recetas neoliberales han caído en descrédito después de la crisis mexicana, brasileña, rusa, asiática y argentina, lo que ha permitido el surgimiento de una visión y teoría económica más compleja y refinada que incluye aspectos y categorías conceptuales que hasta hace 20 años eran patrimonio exclusivo del pensamiento progresista, sobre todo de la mano del premio Nobel de economía Josep Steglitz, lo que le da hasta una pátina progresista, pero en realidad es una evolución del pensamiento hegemónico del sistema capitalista que entiende que las recetas neoliberales lo llevaban indefectiblemente a un colapso mundial, este es el nuevo paradigma económico, cada vez son menos los economistas que sostienen que el mercado es un buen asignador de recursos, que el estado no debe intervenir, que el estado no debe tener empresas que produzcan bienes y servicios, o que sostengan que el libre juego de la oferta y la demanda garantiza una senda de crecimiento económico.
Este nuevo contexto internacional mantiene sus intereses, presiona al gobierno argentino por éstos, pero no tiene la fuerza del consenso para imponer las recetas neoliberales de antaño, en las que por otra parte ya no cree.
En lo que hace a los aspectos internos, el gobierno surge de una votación que lo ha colocado como segunda minoría, frente a un Carlos Menem que sale primero en tres elecciones presidenciales seguidas, esto es un dato del pensamiento del conjunto de la población argentina, que aveces se olvida. Esta es una sociedad que está impregnada de la ideología neoliberal, que como lo demuestran la mayoría de los analistas sobre la opinión pública, se ha constituido un gran centro en donde la población, fluctúan entre la centro derecha y la centro izquierda y abjura de los cambios abruptos, prefiere los deslizamientos.
Las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, fueron una fuerte expresión del hartazgo popular, pero no pudieron expresarse ni en organización, ni políticamente, menos aún ideológicamente, lo que muestra un campo popular fragmentado (por lo acontecido en los últimos 30 años) y desarticulado.
Por el contrario los grandes grupos económicos continúan casi intactos, si bien muchas veces con fuertes deudas con sus casas matices o sus bancos controlados, que exhiben para mostrar que la crisis también los toco, pero su poder continúa, y es el de más peso en la sociedad civil. Lo más notable es que la crisis ha provocado un reacomodamiento interno: el sector financiero y multinacional con casas matrices en el extranjero, ha perdido el liderazgo y esto lo tiene ahora los grandes grupos industriales, también transnacionales, pero con casas matrices en Argentina (ya que éste es su origen económico) de los cuales Lavagna es un intelectual orgánico. Este sector impulsa un cambio de modelo: dejar de lado la acumulación financiera como eje del crecimiento para pasar a un modelo industrial liderado por estos grupos, lo que significa una recomposición del tejido industrial, ya que éstos necesitan de las PyMEs como proveedoras.
En esta estrategia las teorías de Steigliz y North (otro premio Nobel) son el fundamento para el diseño de la política, el MERCOSUR es su plataforma de lanzamiento y la recuperación del Estado para la ejecución de esta política es una necesidad.
En lo que hace al gobierno, lo primero que hay que señalar es que administra un estado desmantelado con un escaso poder de imperium, lo que debilita cualquier acción política, que tiene al frente un presidente que ha conseguido fortalecerse por medio de los altos niveles de adhesión de la opinión pública, pero había surgido débil, y que esa debilidad aún se mantiene en el Congreso de la Nación, por lo que la política que se impulsa desde el gobierno es la resultante en cada momento de la interrelación de las visiones e intereses que tienen Kirchner, Duhalde y Lavagna, estos dos últimos más cerca.
Estas diferencias y disputas han trascendido con claridad este año, los tres coinciden en que el neoliberalismo se acabó en argentina, pero no hay acuerdo en el nuevo rumbo, los polos ideológicos son Kirchner y Lavagna, con un Duhalde pendular que custodia el poder del Partido Justicialista, con una visión populista clientelar que se ha manifestado en un fuerte aparato en la provincia de Buenos Aires.
La necesidad política lo ha colocado a Kirchner en la centro izquierda, desde donde trata de construir su proyecto transversal apoyado por numerosos miembros de la izquierda peronista de los setenta.
Volviendo a la pregunta inicial, la política económica no es neoliberal, y a mostrado una alta eficacia, logrando una fuerte recuperación económica, crecimiento de la inversión, superávit fiscal, inflación casi nula, recuperación por parte del estado de las políticas activas y de su poder de regulación, moderada mejora salarial y una tibia disminución de la desocupación con suave caída en los niveles de pobreza e indigencia.
Justamente las limitaciones del modelo industrial propuesto lo muestran los indicadores sociales que no son espectaculares como los económicos, de nuevo en Argentina las cuestiones sociales están quedando relegadas.
En definitiva este modelo es mejor que el neoliberal, pero no lleva a la Argentina hacia la justicia social.
En este momento la economía argentina se encuentra en una encrucijada por la crisis energética, la caída del precio de la soja, la crisis de Brasil el aumento del precio de petróleo y el futuro aumento de las tasa internacionales de interés, esto va requerir de un cambio en el esquema y los grupos económicos ligados al neoliberalismo ya contraatacan: más presión del FMI y de los bonista, turbulencias en la bolsa y toda su conocida batería desestabilizadora desde lo financiero y lo comunicacional. Buscan recuperar el liderazgo dentro de lo más concentrado del capital en Argentina.
Como he tratado de mostrar la política económica no es sólo una cuestión de ideología y teoría, sino que es además un problema de correlación de fuerzas y el campo popular continúa desarticulado, Duhalde – Lavagna han adelantado los tiempos de confrontación con el proyecto transversal de Kirchner
Pienso que la presidencia de Kirchner ha abierto una posibilidad hacia una salida progresista, pero su concreción depende que se puedan articular fuerzas, a tiempo, para frenar primero la ofensiva neoliberal y luego lograr un nuevo rumbo. ¿Podremos hacerlo?
Publicado en la Revista Tiempo Latinoamericano – Córdoba, Mayo de 2004.
Y en Magazine suplemento de Hoy Día Córdoba – Córdoba, 16 de Junio de 2004.
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