El gobierno y el arco conservador de Córdoba muestran un gran desconcierto frente a la toma de los colegios secundarios quedándose en la superficie del problema.
El deterioro edilicio de algunos colegios que participan de la protesta no es más que la objetivación del malestar estudiantil.
Mirar el conflicto desde este ángulo es quedarse en la superficie.
El deseo de rediscutir la Ley de Educación se adentra más en el problema de fondo: el hartazgo que provoca una educación obsoleta.
Este movimiento juvenil, que no cuenta con especialistas en educación ni en sociología, como todos los movimientos sociales actúa guiado por la intuición y el sentimiento de que así las cosas no van más.
Los sectores conservadores de Córdoba, encabezados por el gobierno provincial, ensayaron una serie de argumentos que en ellos demuestra desconcierto e ignorancia: ya pasó el plazo de discusión de la Ley, la ley es fruto de un amplio consenso y supera a la anterior, hay colegios que no tienen problemas edilicios, hay colegios que son privados y no tienen problemas, el gobierno está incluyendo las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) en la escuela, la nueva ley de educación incorpora los centros de estudiantes, para solo mencionar las más citadas.
Estos argumentos desconocen que los procesos sociales no necesariamente tienen los mismos tiempos que los procesos institucionales, una de las manifestaciones de las crisis es la incapacidad de las instituciones de encauzar el movimiento social.
La nueva ley de educación nace obsoleta porque no refleja la nueva naturaleza del conocimiento que a dejado de ser algo estático para convertirse en un proceso continuo de transformación, distribución y aplicación, el conocimiento así planteado es la principal materia prima de la economía y la sociedad. Tampoco la nueva ley tiene repuestas para el inmenso desgaste que ha sufrido el docente en tantos años, y con distintos gobiernos, en donde su salario fue la variable de ajuste frente a las sucesivas crisis, abandonado en su necesaria formación, que nace obsoleta por que los magisterios tampoco se han enterado del cambio sufrido en el conocimiento.
La nueva ley de educación propone cambios que significan un nuevo esfuerzo para un docente desalentado, desaliento que impregna las aulas y que los estudiantes perciben.
Los problemas edilicios ha sido la chispa, la pólvora es el hartazgo de los estudiantes, nada tiene que ver su condición social con esto, por el contrario los alumnos de los sectores medios pueden tener acceso a elementos que acentúan su malestar, esto no se puede obviar en Córdoba, en la que el cordobazo fue protagonizado por los obreros mejor pagos de América Latina.
De nada sirven la incorporación de las TICs e inundar las escuelas de netbooks si no se cambia el contenido sustancial, acompañado de una profunda transformación pedagógica que de cuenta de que estamos viviendo la tercera revolución económica, y que como las otras dos anteriores no fue advertida por buena parte de sus contemporáneos y provocó profundos cambios sociales.
Los centros de estudiantes, que son una excelente institución en un sistema que educa para una sociedad democrática, actúan en muchos casos como el acelerador en esta situación crítica, los jóvenes aprovechan estos espacios para expresar su disconformidad en un sistema educativo que no tiene las repuestas que buscan.
La ausencia a las repuestas que buscan provoca la movilización y toma de escuelas, el gobierno les achaca a los jóvenes incoherencia, contradicciones y desconocimiento, pero al hacer esto muestra una gran ignorancia sobre la naturaleza de los procesos históricos que se producen sin que los actores, jóvenes o adultos, puedan muchas veces si quiera formular las preguntas correctas, pero lo mismo derriban obstáculos y producen transformaciones irreversibles.
Es necesario que los responsables de la educación de la provincia de Córdoba admitan su desorientación frente al proceso de cambio más espectacular que ha vivido la humanidad, de esta situación no se sale bien con “patadones”, ni poniendo faltas, ni con estratagemas divisionistas de la vieja política. La única manera de salir es entender que estamos enfrente de un problema objetivo y enfrentarlo como sociedad democrática, esto es con participación, con debate y con consenso, no importan los días de clase que se pierden en un sistema obsoleto si lo que se busca es su superación.
viernes, 8 de octubre de 2010
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