Luego del serio traspié que significó la crisis del 2001 que terminó con el modelo de valorización financiera y fuga del excedente generado en nuestra Argentina, los sectores que impulsaron la experiencia de los 90 han encontrado una brecha para volver a la ofensiva.
Esta ofensiva encuentra sus razones principalmente en los errores del gobierno, más que en los méritos de los sectores opulentos, desde la fallida 125 en adelante.
La inflación y la memoria colectiva que les dice a los argentinos que ésta es un enemigo de cuidado han generado un campo propicio, son justamente estos sectores los que tienen el poder de formar precios frente a un gobierno que no acierta a lograr contrarrestar esto, de la mano de la inflación se ha frenado el proceso de recuperación social que se venía observando desde el 2003, y con esto, paradójicamente, la preocupación por lo social es lo que ha permitido que las usinas de pensamiento de la derecha salieran a expresar su preocupación por lo social poniendo el acento en la necesidad de un fortalecimiento de las instituciones que permita previsibilidad para lograr un clima de inversiones que logre impulsar la generación de empleos con salarios competitivos (bajos), es decir el regreso al efecto derrame que en los 90 mostró con contundente claridad que este derrame se da en cuenta gotas y que no logró compensar siquiera el deterioro causado por la destrucción de millones de puestos de trabajo.
La inflación que es un fenómeno que tiene múltiples causas, en donde partiendo de la concentración económica encuentra mecanismos de estimulo y propagación en frente a los cuales el gobierno no sólo no hace nada sino que contribuye a su aceleración por medio de un gasto público ineficiente, subsidios a los sectores medios y medios altos, la expansión monetaria y el haberle regalado a las consultoras la generación de las expectativas con el descrédito del INDEC.
La desarticulación política de los sectores dominantes se está viendo compensada por múltiples iniciativas que proponen planes de desarrollo, mejoras institucionales, financiamiento a la educación, mejoramiento de la situación de la niñez pobre e indigente, el logro de sistemas sustentables a mediano plazo, el aumento mágico de las jubilaciones, etc.
Todas estas propuestas acompañadas de puestas en escena fuertemente mediáticas logran por lo títulos de las iniciativas en problemas sensibles despertar interés y ante la carencia de propuestas concretas que profundicen el modelo iniciado en el 2003 van logrando instalarse en la sociedad, en una estrategia muy parecidaza a la utilizada para imponer el neoliberalismo en la década de los 80 y que cuajó con fuerza en los 90, en aquel entonces era el mercado libre y sin regulaciones el que lo solucionaba todo, hoy es la fuerza de las instituciones.
Estas instituciones que por estar en un proceso inicial de reformas, son las que moldearon los sectores más poderosos, esta apelación a la institucionalidad sin que el progresismo atine a poner sobre la agenda política la discusión de nuevas instituciones, siendo la Ley de Servicios Financieros que propone el Partido Solidario a través de Heller una de las pocas excepciones.
La estrategia es clara, la derecha se adueña del orden institucional, de su orden institucional, y las expresiones políticas nacionales, populares y progresista quedan del lado de una caótica sociedad sin reglas de juego claras.
Esta es una bandera que no podemos regalar es necesario salir del frenético cortoplacismo y comenzar a elaborar el andamiaje de un nuevo orden institucional donde la principal preocupación sea una economía dinámica con justicia social.
lunes, 4 de octubre de 2010
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