POLITICA ECONOMIA E HISTORIA

El sitio de Eduardo L. González Olguin, ideas y propuestas para la acción política.

lunes, 25 de octubre de 2010

LA DEFINICION DE UNA NUEVA INSTITUCIONALIDAD

La institucionalidad, las reglas que regulan el comportamiento de una sociedad, no es única, ni tampoco existe una relación biunívoca con los modelos de desarrollo.
La crisis del año 2001 sacudió con fuerza la realidad argentina, poniendo en tela de juicio el modelo neoliberal que ponía en el centro de la lógica económica la valorización financiera, con su fuerte componente de especulación que tiene toda la actividad financiera.
Este modelo que entra en crisis, no se ha extinguido y hoy pugna por volver a lograr su hegemonía perdida frente a un modelo productivo distributivo que no termina de asentarse tanto por la resistencia de aquel como por los errores de implementación y falencias que muestra el actual gobierno.
Las reglas que conforman la institucionalidad, son una compleja combinación de normas del derecho positivo y usos y costumbres reglados por el mundo de la cultura.
Los sostenedores del modelo que se niega a abandonar la realidad argentina apelan a la institucionalidad como forma de defensa y hasta como forma de lograr una nueva ofensiva para reinstalarse.
La institucionalidad al estar compuesta por una parte importante de los que los individuos reconocen como normalidad, aún cuando cuestiones objetivas chocan contra esta, tarda en ser modificada, y por lo tanto en momentos de cambio como los que vivimos en Argentina la apelación a la institucionalidad es realizar un llamado a la perpetuación a las reglas que favorecen el desarrollo del modelo neoliberal que tuvo su máxima expresión en la década menemista.
Desgraciadamente tampoco surge una propuesta de un conjunto de normas que propicien la consolidación del modelo productivo – distributivo.
Existe una seria dificultad para lograr el objetivo de instalar una punta de contra hegemonía desde una nueva institucionalidad, en el que el gobierno a pesar de ser el autor de parte importante de las iniciativas en este sentido también es quien pone más palos en la rueda.
El actual gobierno logró un exitoso cambio en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, logrando un cuerpo de prestigio e independencia, pero se enoja cuando esta no le da la razón, con lo que pierde ese logro al hacer recaer un manto de sospecha por supuestos pactos no cumplidos que darían pie al enojo.
Tampoco se puede apelar a la construcción de una sociedad democrática y participativa y realizar una alianza con la vieja guardia del Partido Justicialista y la burocracia sindical. La búsqueda de un sistema informativo que refleje todas las voces en donde se deja a la sociedad la tarea de llegar una visión adecuada a partir del cotejo de las interpretaciones que hacen los medios y las vivencias queda deslucida por las cifras sobre la evolución de la inflación que brinda el INDEC.
No se construye una nueva institucionalidad con la discrecionalidad y la arbitrariedad, aún cuando estas buscan desmontar el viejo orden neoliberal, este debe ser sustituido por reglas a las que el gobierno se somete que favorezcan el desarrollo de un modelo productivo distributivo con inclusión social, en este sentido son claros los aportes que hacen la asignación universal por hijo, y los proyectos de Ley de Servicios Financieros, de regulación del uso del papel para diarios y la propuesta de participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas.
En contra, y al mismo tiempo, las poco creíbles cifras del proyecto de presupuesto 2011.
Lo primero que hay que advertir en una empresa como esta es que se está frente a un proceso, en lo que su busca es un cambio en la mentalidad de la sociedad, tarea esta que siempre ha sido difícil, ya que se está alterando lo que se entiende como “la normalidad”
Para esto, la generación de confianza es fundamental, y para ello se debe ser muy celoso en el cumplimiento de las nuevas reglas, como así mismo el acatamiento de estos cambios. Cambios como estos requieren de una altísima coherencia cuando se impulsan en el seno de una sociedad democrática, además no hay que olvidar que “el peso de la prueba” sobre la bondad de los cambios propuestos recaen en quines los pregonan.

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