El pragmatismo de los Kirchner ha llevado al gobierno nacional, en los últimos años, a desarrollar una serie de acciones y de alianzas que lo están llevando a una encerrona.
El objetivo de implementar un modelo productivo distributivo que sustituya el modelo de valorización financiera excluyente de los 90 con el apoyo del peronismo y de un conjunto de fuerzas progresistas, que se llamó transversalidad, que comenzó en el 2003 y quedó abandonado luego que estas fuerzas demostraran un pobre papel en las elecciones del 2005.
A partir de ese momento comenzó un paulatino cambio hacia una recomposición con el Partido Justicialista (PJ), especialmente con los barones del conurbano bonaerense y los gobernadores, al mismo tiempo que se enfriaban las relaciones con la Central de trabajadores Argentinos (CTA), a la que les había prometido su reconocimiento y, con más dudas que con el PJ, recomponía con la CGT, en ambos casos el distanciamiento se debía al intento de construcción del movimiento transversal que implicaba un contrapeso en el poder de estos.
Si bien la tarea de sustituir el modelo neoliberal llevada adelante a partir de la percepción del agotamiento de su ciclo más dinámico significa un gran esfuerzo por enfrentar la resistencia de una porción importante del poder económico más concentrado de Argentina aconsejaba no distraer fuerzas, también la magnitud de la tarea también aconsejaba no supeditar esta tarea en actores sociales que no estuvieran totalmente de acuerdo con este objetivo.
Desde una pura racionalidad peronista, para la cual la política es la construcción de poder para luego aplicarlo a objetivos deseados pero que no deben afectar esa construcción los Kirchner optaron por la línea de menor esfuerzo.
Esta lógica impregna la línea política de los Kirchner que en su objetivo de implementar un modelo productivo distributivo inclusivo nunca se enfrentan a la totalidad del poder económico argentino, sus políticas son propicias para los sectores económicos que apuestan a la producción (Industria y agro) y que sólo un error en la apreciación en la heterogeneidad del agro y la pertenencia de una fracción a la oligarquía diversificada que continúa con fuertes intereses en el mundo financiero lleva a su distanciamiento.
La pérdida del sector agropecuario acelera el movimiento de alianza con el PJ y la CGT, pero el PJ menemizado (ver nota del 13 de septiembre de 2010) y la CGT burocratizada sólo responden a sus intereses, apoyan si reciben, aportan un formidable aparato electoral y de movilización que si bien son importantes para conservar un gobierno, pero no lo son para implementar el nuevo modelo.
Esta difícil situación se agrava por algunas políticas equivocadas en materia de control de inflación que llevaron a la implementación de una maraña de subsidios cruzados para evitar el aumento de precios que alimentaron las causas centrales de la inflación en Argentina: la concentración en las ramas más dinámicas de la actividad económica (pocos oferentes) y la centralización del capital (pocos dueños de las empresas), con la lógica consecuencia que cada vez se piden mayores subsidios y la inflación lo mismo aumenta quedando atrapados en lo que cambiar.
De remate se falsean groseramente las estadísticas sobre inflación y se le regala a las consultoras privadas, la mayoría financiadas por sectores económicos que velan por sus intereses, no sólo su cálculo sino lo que es más grave la generación de las expectativas. En un país como el nuestro con una larga experiencia inflacionaria y una economía altamente concentrada, las expectativas son un componente muy importante a la hora de la conformación de la inflación real ya que se produce el fenómeno de “la profecía autocumplida”
Cómo la inflación significa una gran variedad de aumentos de precios según el poder de mercado de sus formadores se producen múltiples desequilibrios que alteran el desenvolvimiento económico y en este contexto los que más sufren son los salarios reales que evolucionan por detrás de la inflación.
Por último la inflación erosiona el tipo de cambio competitivo conseguido, y con esto se pone en riesgo todo del modelo que se intenta implementar, y que se traduce en el aumento de la actividad industrial, el aumento de los puestos de trabajo, el aumento del trabajo formal, la indigencia, la disminución de la pobreza y el aumento de las exportaciones y en especial el de las de origen industrial y las llevadas a cabo por PYMES y el desendeudamiento que nos permite a los argentinos establecer la política, todo esto que se ha logrado desde el 2003.
No se puede tirar esto por la borda, la salida no es volver a nuevas versiones del neoliberalismo, se debe acelerar la construcción de los espacios progresistas de apoyo al modelo con vocación de poder, para que no sea ahogado por la lógica PJ – CGT e impulsar medidas para avanzar en la desconcentración económica como son la reforma tributaria: hacia un modelo progresivo, y la democratización del crédito para que se generen miles de proyectos productivos.
Estas líneas escritas un día antes de la muerte de Néstor Kichner, con este desgraciado suceso, la situación se agrava y me llevan a pensar en la necesidad de que se organice a la brevedad un espacio político amplio que asegure y acreciente los logros de Néstor y Cristina y afiancen el proyecto nacional.
jueves, 28 de octubre de 2010
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