El siglo XX se tragó a dos movimientos populares con vocación transformadora, el radicalismo y el peronismo, el primero nacido en la última década del siglo XIX, hijo de la efímera experiencia del Partido Republicano de la Provincia de Buenos Aires (1877-1878) y que se inicia con Revolución del Parque (1890), mientras que el segundo nace con la memorable movilización popular del 17 de octubre de 1945.
Ambas expresiones políticas se definieron como movimientos, lo que les permitió tener una expresión policlasista y además, por esta razón, abarcativa de un abanico ideológico, expresando en sus periodos clásicos una fuete vocación transformadora para remover los obstáculos que sufría nuestra Argentina en lo institucional, lo económico y lo social para constituirse en una democracia inclusora.
La década infame significó la finalización del período transformador del radicalismo con la llamada “alvearización” por ser conducido por Marcelo T. de Alvear que privilegió el encorsetamiento del movimiento al partido (UCR) y la flexibilización de su propuesta política a los intereses dominantes en la medida que se cuidaran las formas institucionales, olvidando su origen y trayectoria revolucionaria (1890 – 1916).
Este diagnóstico y nombre del ocaso transformador del radicalismo se lo da FORJA, un grupo de radicales que no reniegan del pasado revolucionario, y que se convertirán en una importante expresión intelectual del movimiento popular de recambio: el peronismo.
La alvearización del radicalismo no significó la extinción de individuos y sectores progresistas dentro del mismo, expresión de esto fueron el Arturo Frondizi de “Petróleo y Política”, su alianza con el peronismo y su gestión hasta 1959, la corta presidencia de Arturo Umberto Illia, derrocado por un golpe militar, y el Alfonsín del juzgamiento a los militares genocidas y la política económica de Grispún, expresiones en lo político, más allá de los hombres, que no pudieron sostenerse en un partido “domesticado”.
La década de los 90, luego de la desaparición de miles de militantes peronistas y dos hiperinflaciones terminó con la capacidad transformadora del peronismo, bien se podría denominar esto la menemización del peronismo, en el que el peronismo reducido al Partido Justicialista llevó adelante políticas neoliberales totalmente contrarias a su legado histórico, en la que su dirigencia política y gremial apoyó con decisión haciendo posible desmontar el formidable sistema de protección social que existía en nuestro país en aras de una eficiencia económica que no se demostró.
Sin esta “domesticación” masiva de la dirigencia peronista no hubiera sido posible tamaña destrucción del aparato productivo y de seguridad social de la argentina. En los noventa las prácticas clientelares disfrazadas de política social irrumpieron con fuerza inusitada en las administraciones peronistas generando un círculo perverso de perpetuación en el poder de esa dirigencia.
Luego de esto el peronismo se transformó en un partido funcional a los intereses de la clase dominante argentina, y al igual que el radicalismo no quiere decir que no existan personas y sectores que no continúen bregando por la realización de su razón de ser: “la grandeza de la nación y la felicidad del pueblo argentino” y cuya expresión hoy se encuentra representa Néstor y Cristina Kirchner, que a diferencia de lo ocurrido con los presidentes progresistas radicales han resistido los embates de los “dueños de la argentina”, pero sin conseguir una recreación del movimiento peronista ni inaugurar un nuevo movimiento transformador.
El intento de lograr lo segundo por medio de la Transversalidad fue abortado por los barones del peronismo, los gobernadores e intendentes del conurbano bonaerense, que mostraron más eficacia a la hora de sostener el gobierno de Kirchner, pero a un alto costo. La experiencia transversal nutría a la militancia y dirigencia con el capital simbólico de llevar adelante un proyecto nacional y popular, mientras que los barones del peronismo piden capital contante y sonante para alimentar sus gestiones y aparatos políticos, estos últimos al mostrar mucha más capacidad para conseguir los votos desplazaron completamente a los primeros. Los Kirchner, que también tienen su cuota de responsabilidad de lo ocurrido en los 90, se encuentran atrapados por los intereses de esa dirigencia peronista que sólo apoya a los que tienen recursos.
La menemización del peronismo exige la constitución de un nuevo sujeto político que continúe con la tarea inconclusa de los dos grandes movimientos populares argentinos del siglo XX, la encerrona en la que se encuentra el gobierno lleva a pensar que esta vez, en una suerte de alternancia, tendrá que ser construido desde el pueblo, para ello se requiere pensar sin preconceptos y desde nuestra cultura.
lunes 13 de septiembre de 2010
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