Entre los innumerables retrocesos que se produjeron en la década del 90 del siglo pasado se encuentra el vaciamiento ideológico de los partidos políticos argentinos, situación que comienza con el terrorismo de estado instaurado por la dictadura militar y que la nueva democracia de los ochenta no consigue revertir por ese miedo profundo que ocupó la conciencia de los individuos.
Los noventa significan una nueva caída en esa anomia de la cual aún hoy la mayoría de los partidos no consigue sacudir.
La ideología es el primer paso para la elaboración de propuestas y proyectos, es la guía acerca de los intereses que se defienden en una sociedad en la que no hay igualdad, en la que existen los poderosos y los oprimidos, y en la que la carencia de claridad ideológica favorece el orden establecido por los primeros.
La ideología de ninguna manera puede interpretarse como sectarismo, esto es signo de una ideología mal sana que provoca una falta conciencia.
La necesidad de la ideología estriba en que nos brinda el lugar de la sociedad desde el que se propone el mantenimiento o la transformación de la sociedad, aún en el primer caso el ejercicio ideológico de la hegemonía busca involucrar al conjunto de la sociedad sin el cual el proyecto de las minorías carecería de sustento.
La apatía que hoy se observa para participar en los partidos políticos se debe a que vaciados de ideología los partidos se ven como organizaciones que buscan el provecho de sus dirigentes, a los que a su vez se los visualiza en permanentes disputas sin sentido para el conjunto del pueblo.
Este cuadro se ve agravado por la pobreza en materia de propuestas y proyectos que muestran los partidos políticos producto de sus graves falencias ideológicas, cuando directamente tienen propuestas contradictorias consecuencia de los oportunismos cortoplacistas.
Esta situación llevó a la perdida de representatividad social de los partidos transformados en máquinas de distribuir favores lo que llevó al alejamiento de los movimientos sociales que comenzaron organizaciones independientes específicas, que si bien buscaban la solución de sus problemas al mismo tiempo contribuían a acentuar la fragmentación social a la que fue sometida la sociedad argentina por el proyecto neoliberal.
Todo es parte de un mismo fenómeno que se inició con la dictadura: la desideologización por el terror, la incapacidad de articular propuestas para la sociedad, la estigmatización de los partidos políticos por parte de la prensa monopólica, su gradual mutación en organizaciones prebendarias, la autoexclusión de los mismos de los movimientos sociales, el reforzamiento de la fragmentación social.
Esta pérdida de los partidos provoca la desaparición de organizaciones que organizaban el pueblo en pos de proyectos colectivos provocando un fenómeno de aglutinación del pueblo en grandes fracciones, que en el caso de los partidos políticos populares y progresistas eran diques de contención para la voracidad del imperialismo aliado a la oligarquía.
No son casuales los “consejos” de los organismos internacionales, como el Banco Mundial, que proponen el fortalecimiento de ONGs que reflejen los movimientos sociales e intereses y demandas de sectores de la sociedad construyendo de esta manera un red de compartimientos estancos de imposible articulación sin un hilván ideológico que los contenga y los haga sentir como parte de un todo en la que los problemas sectoriales se resuelven al mismo tiempo que se construye una sociedad más justa.
Este fue el papel histórico de los partidos políticos que es menester recuperar.
viernes 3 de septiembre de 2010
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