POLITICA ECONOMIA E HISTORIA

El sitio de Eduardo L. González Olguin, ideas y propuestas para la acción política.

viernes, 24 de septiembre de 2010

EN ARGENTINA NO SE PUEDE REALIZAR UN PACTO DE LA MONCLOA

Es un lugar común en la política argentina la mención de pactos entre fuerzas políticas o políticas y sociales que signifiquen un acuerdo sobre aspectos centrales que permitan delinear el rumbo del país para un período más o menos largo, posiblemente el más mencionado sea el de “La Moncloa”, en realidad fueron varios pactos firmados en octubre de 1977 por partidos políticos, y se tuvieron que firmar varios ya que no hubo un acuerdo total.
Lo que no dice esta muletilla es que para poder firmar un pacto de esta naturaleza es necesario tener a grandes rasgos una idea en común de proyecto de país.
Lo que si se explicita es que los pactos de esta naturaleza mejoran el horizonte de planeamiento dándole previsibilidad al país mejorando el clima de inversión.
Desde la Moncloa en adelante han existido una serie de acuerdos o pactos en distintos países del mundo que sería tedioso enumerar pero que tienen una serie de preocupaciones comunes como el logro de la estabilidad monetaria, el aumento de la inversión y la inserción competitiva en el mundo.
En Argentina existe una gran dificultad para lograr un pacto como los mencionados: no existe un proyecto de país que aglutine al conjunto, esta dicotomía que encontramos desde los orígenes de nuestro país, y que encontramos en todos los países latinoamericanos, no ha sido resuelta.
En términos esquemáticos, en aras de la brevedad, existe un proyecto que busca el beneficio de las mayorías populares y otro de tipo minoritario, la famosa argentina del centenario es la máxima expresión de este último pero que escondía en sus entrañas el primero que se negaba a desaparecer y que se exteriorizó, al poco tiempo, con la violencia de todo movimiento reprimido: el grito de Alcorta en 1912, seguido por “la semana trágica” en 1919, “la Patagonia Rebelde” en 1920, matizados por el triunfo popular, representado por la UCR en las elecciones presidenciales de 1916.
El proyecto de mayorías no fue nunca clausurado en Argentina, a pesar de la seguidilla de golpes militares y de las vacilaciones y hasta claudicaciones de de los partidos políticos de origen popular.
La lectura de los pactos de la Moncloa deja claro que existe una clara visión de una sociedad que pone por delante la inversión impulsada por la ganancia con una disminución de la inflación que hace eje en la moderación de las pretensiones salariales.
Los Pactos de la Moncloa no se hubieran realizado sin la flexibilización de las posiciones que históricamente habían sostenido los partidos socialistas y comunista, es decir se redujo sustancialmente la demanda del campo popular expresado por estos partidos con lo que el conflicto se minimiza, y se pasa ha hablar de un proyecto en el que lo beneficios a los trabajadores provienen del efecto derrame, es decir cuando la copa de los sectores que más tienen se llena.
La claudicación de la dirigencia peronista y sindical en los 90 llevó a muchos a pensar que se había logrado una suerte de estabilización por la resignación de los sectores populares, y que finalmente, y luego de 30.000 desaparecidos, se imponía el proyecto de la minoría, pero el 2001 fue un rotundo mentís a esta visión. Como en el centenario la movilización estaba contenida y estallo con violencia.
Lo ocurrido desde el 2003, más allá de las personas que encarnen este momento, ya que lo que hay que mirar en la historia son los procesos, los hombres y mujeres concretos solo pueden interpretarlos potenciándolos o morigerarlos, o directamente no comprenderlos, es el restablecimiento de “el empate histórico entre el pueblo y la oligarquía”.
No es casual que desde los sectores del poder real se comience a levantar la necesidad de un pacto que detenga la recuperación del proyecto popular.
La creciente inflación es una muestra clara de que los llamados “dueños de la argentina” buscan amedrentar al pueblo con su capacidad de formar precios y paralizar la economía para imponer ese pacto cuando los sectores populares no han acumulado el poder necesario para alumbrar su proyecto que está en gestación.
Proyecto y poder son dos caras de la misma moneda el proyecto estimula la construcción de poder y el poder anima a perfeccionar el proyecto, esto es lo que estamos viviendo, en un camino con avances y retrocesos, con idas y vueltas, subidas y bajadas, con y sin claridad por parte de los sujetos históricos, y de los hombres y mujeres de carne y huesos.
Por la dirección que ha tomado el proceso histórico en Argentina y en América Latina sería un grave error contribuir a su cambio.

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