POLITICA ECONOMIA E HISTORIA

El sitio de Eduardo L. González Olguin, ideas y propuestas para la acción política.

jueves, 5 de agosto de 2010

GANANCIAS, INVERSIONES, GLOBALIZACION E INCERTIDUMBRE.

La República Argentina se encamina hacia un nuevo ciclo de crecimiento económico levemente interrumpido por la crisis que comenzó en el 2008 y que provocó que tan solo dos trimestres registren una caída del PBI en el 2009 (con un crecimiento del 0,9% para todo el año), para retomar el crecimiento a partir del último trimestre de ese año y una franca recuperación en el primer trimestre de 2010.
Esta situación vuelve a poner en la agenda de discusión el tema del bajo nivel de las inversiones en nuestro país, cuestión que no es nueva no sólo para Argentina sino para toda América Latina.
Tanto en el ciclo económico de los 90 como en el iniciado en el 2003 la inversión rondó el 20% del PBI, en ambos períodos más de la mitad fue destinado a construcción, lo que muestra una inversión que no tiene una gran capacidad para aumentar la productividad.
La diferencia más notable fue que la inversión productiva (equipo durable y maquinarias y equipos) en el primer ciclo fue motorizada principalmente por las grandes empresas y en el presente por las PYMES. En el primer caso estimuló la desocupación estructural mientras que en el segundo la está morigerando.
El presente ciclo se muestra más estable ya que son siete años consecutivos de crecimiento del PBI y con un fuerte incremento que en promedio es del 7,4% anual, mientras que en el anterior se alternaron años de crecimiento con años de caída del PBI y con una menor tasa promedio (2,8% anual).
La fuga de capitales fue una constante en el primer ciclo ya que sólo en el año 2002, el de las privatizaciones masivas, hubo una entrada neta de capitales, en el resto de los años la fuga fue permanente, en el actual este fenómeno se comienza a percibir con la crisis del campo, y este año parece haberse revertido.
Esta evidencia empírica estaría mostrando, en una primera mirada, que la idea de el economista cepalino Osvaldo Sunkel que para retener en nuestros países el excedente generado hay que privilegiar un modelo basado en el empleo, salarios altos, impuestos y PYMES, buscando la propia racionalidad de los actores: los empleados gastan localmente, las PYMES invierten localmente y el estado gasta también localmente, en este último caso habría que hace la salvedad del modelo propuesto por el Plan Brady en el que el estado fugaba el capital por medio del pago de la deuda externa y el ajuste permanente de la economía.
La mundialización de la economía permite que el capital fluya de un lado a otro del mundo buscando la mayor tasa de ganancia, este fenómeno magistralmente descripto por Hilferding y Lenin, a principio de siglo XX, se ha ido agudizando con la facilidad que brinda la tecnología para la realización de transferencias a cualquier parte del mundo.
Por otro lado la incertidumbre es una cuestión inherente a la economía de los países periféricos que no sólo son tomadores de precios sino que también se ven obligados a acatar reglas de juego en las que tienen muy poca participación a la hora de diseñarlas.
Esta incertidumbre se puede morigerar o agravar por medio del grado de institucionalidad en los países periféricos, pero la norma es la incertidumbre.
Esta institucionalidad esta constituida por todas las normas, mecanismos e instituciones del país, entre la que se encuentra el mercado, pero de ninguna manera puede ser tomado como la principal o más significativa.
La presencia de incertidumbre provoca que el capital para radicarse busque tasas de ganancias más altas que las que existen en los países centrales o considerados seguros, para compensar este problema.
El capitalismo financiero que es el que impera hoy, impone una lógica de especulación basada en el corto plazo que logra altas tasas de ganancias, para un capital que fluye permanentemente de un lugar a otro del planeta maximizando la ganancia y lo que es más grave transformando esta tasa en la referencia para el conjunto de las inversiones.
Volviendo de nuevo al tema inicial, el nuevo ciclo expansivo de la economía argentina necesita un aumento de las inversiones productivas para ampliarse y mantenerse, y encuentra como obstáculo la altas tasas que pretende el capital para radicarse o mantenerse en nuestro país, frente a este hecho se abren, para decirlo en forma simplificada, dos opciones: una que propone una vuelta en una versión ampliada y mejorada al modelo de los 90 que según su óptica entró en crisis porque no se le dio al mercado toda la participación necesaria y no se eliminaron todas las regulaciones que restringían su libre funcionamiento. Esta propuesta mira fundamentalmente al gran capital financiero internacional, desconociendo la inherencia de la incertidumbre en nuestro país.
Por otro lado existe la propuesta de profundizar el modelo productivo basado en las PYMES y el empleo, con una reforma impositiva que termine con la regresividad del actual sistema, en la que la institucionalidad no se reduce al mercado sino que toma nota de sus fallas, de la existencia de concentración económica y centralización del capital, diferencia los servicios y los bienes sociales (salud y educación) de los puramente económicos que excluye del mercado o los regula, y en términos generales piensa en una institucionalidad más compleja que interactúa con el mercado.
Esta última posición a diferencia de la otra explicita la ideología y la cultura como mecanismos de regulación social, que si bien están presentes en la otra propuesta esta los oculta.
Para la primera propuesta el aumento de la inversión, que significa la atracción del capital financiero internacional implica tasas de ganancias muy altas en las que el empleo, la estabilidad laboral y los altos salarios son un problema, y su repuesta es permitir que aumente cada vez más la volatilidad de las inversiones como en la década de los 90.
Para segunda propuesta, que es la que hoy se intenta a medias, significa la retención del excedente generado en nuestro país, el mercado interno sostenido por los ingresos de los trabajadores se transforma en la plataforma de lanzamiento hacia el mundo y la nueva institucionalidad se construye abandonando la tentación facilista de la arbitrariedad y la discrecionalidad ya que la inversión necesita una previsibilidad de mediano y largo plazo de los factores internos.

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